Mamita mía, quiero que sepas todo lo que estoy sintiendo cada día en mi corazoncito y mente y así puedas conocerme y entenderme mejor.
Sabes, cuando yo estaba en tu guatita, solo escuchaba tu voz, sin imaginar siquiera como era tu aspecto físico. Por el tono de tu voz podía percibir tu estado de ánimo y por la dulzura con la que me hablabas, el gran amor que sentías por mí.
El día de mi nacimiento, fue muy doloroso para mí, porque, no entendía qué pasaba. De un momento a otro me encontré saliendo de tu vientre, siendo expulsado por fuerza mayor y sin poder hacer nada por impedirlo. Sentí que alguien intencionalmente cortaba nuestro único conducto que nos mantenía unidos y lloré y grité con todas mis fuerzas pero no sirvió de nada, no pude impedirlo. Me pregunté, porque me arrancaron del único lugar que me hacía completamente feliz. Y no tuve respuesta.
Ha sido tan difícil para mí acostumbrarme a estar fuera de ti mamita, que a veces tengo miedo de no poder vivir.
Por las noches cuando despierto en la cuna busco tu cuerpo, tu calor, tu aroma y sólo encuentro oscuridad y soledad, vuelvo a tener penita y lloro desconsoladamente, hasta que siento otra vez tu calor, tu compañia y me calmo otra vez.
Perdóname si te despierto muchas veces por las noches pero mi corazoncito late muy rápido y me invade el temor de no volver a tenerte junto a mí. Por eso sufro y lloro tanto.
Te ruego me tengas paciencia, aún me cuesta entender que así es la vida fuera del vientre materno y saber que tendré que asumir que ya no estaré pagadito a ti como antes, pero que a pesar de eso, me entregarás tu amor y cuidado toda la vida.
No te enfades conmigo cuando te exijo me amamantes y me acunes en tus brazos, es que en verdad lo necesito con urgencia porque solo así me siento amado por ti y es lo único que me da felicidad plena.
Déjame disfrutar de tu compañía, no importa la cantidad, sino, la calidad de esos momentos que me dedicas a diario.
Recuérdame cada día cuanto me amas y enséñame a ser fuerte e independiente, para que pueda ir soltando de a poco tu mano y así no me será tan difícil emprender mi camino sólo cuando esté apto para hacerlo.
No siempre lloro de pena, a veces uso el llanto para llamar tu atención o pedir auxilio por lo que no puedo solucionar solito y sé que la única que entenderá mi llamada eres tu mami.
Eres tan hermosa, tan importante y valiosa para mí, como el mismo aire que necesito para respirar y mantenerme vivo.
Yo te amo cada día más. Mira mi carita sonriente, yo aprendi a sonreír para ti, porque tú, siempre lo haces para mí. Desde ese primer día que nos vimos, lo primero que vieron mis ojitos en tu rostro, tu linda y dulce sonrisa... y la grabé en mi mente para no olvidarla nunca. Yo quiero que siempre, tú recuerdes la mía, pues será nuestra forma de decirnos te amo.
Ah, antes de despedirme quisiera darte las gracias por ser mi mamita, por traerme a este, tu mundo, que a pesar de no ser tan perfecto es el lugar donde me haré un ser adulto con la mejor maestra que Dios me dio.
Estoy grande mami, mira como crezco cada día mas, apenas pueda te daré un abracito de oso y un beso apretadito como tú me quisieras dar.
Que Dios nos bendiga y nos permita amarnos por siempre y que me ayude a ser un buen hijo y quererte como tú lo mereces.
Amén.